Salto del Fraile

Nuestra historia

Seis generaciones de raíces. Un salto entre amigos.

Hay historias que comienzan mucho antes de que alguien piense en hacer vino.

La nuestra tiene sus raíces en Villaester, a orillas del Hornija, en tierras vallisoletanas. Allí, una familia lleva seis generaciones vinculadas al campo. Y allí, casi dos siglos después, diez amigos decidimos embarcarnos en una aventura que reunía dos de nuestras grandes pasiones: el vino y la amistad.

Así nació Salto del Fraile. Un proyecto que mira con respeto al pasado, pero que no tiene miedo a saltar hacia lo desconocido.

Villaester, desde 1840

Nuestra historia nos lleva hasta el general Longa, héroe de la Guerra de la Independencia, y su hija Francisca, que en 1840 adquirió las tierras del antiguo despoblado y dehesa de Villaester, situadas en el margen del río Hornija al inicio del valle que el río crea en su camino final hacia el Duero.

Con el paso de las generaciones, aquellas tierras fueron tomando la forma que hoy conocemos: campos de cultivo, la casa de Villaester de Abajo, un singular palomar circular de doble corona y una pequeña ermita de ladrillo que se han convertido en señas de identidad de nuestro paisaje.

También hubo una bodega con bóveda de cañón, desaparecida en los años ochenta con la ampliación de la carretera de Tordesillas a Toro.

La tierra ha cambiado, los cultivos han evolucionado y las generaciones se han sucedido. Pero algo ha permanecido: el vínculo con esta tierra y el compromiso de cuidarla.

Cuando llegaron las viñas

Aunque el vino formaba parte de la historia de Villaester, el verdadero punto de inflexión llegó a finales de los años noventa.

Buscando alternativas al cultivo tradicional del cereal, la familia Gómez de Olea encontró en Mariano García y su proyecto San Román, en Toro, el impulso para una nueva aventura.

En el año 2000 se plantaron 9,5 hectáreas de viñedo en la parte más alta de la finca, junto a los campos de Pedrosa del Rey. La apuesta era poco convencional: cultivar Syrah, Tinta de Toro y Touriga Nacional, tres variedades de personalidad muy distinta, con la intención de reunirlas algún día en un mismo vino.

Durante años, aquellas viñas crecieron y dieron sus frutos vinculadas al proyecto de San Román. Hasta que llegó el momento de imaginar un camino propio.

El salto

En 2024, diez amigos de profesiones y trayectorias diferentes decidimos dar ese paso.

Ninguno de nosotros se dedicaba profesionalmente al vino. Pero compartíamos una pasión, unas viñas extraordinarias y las ganas de descubrir hasta dónde podíamos llegar.

Nos rodeamos de profesionales que saben mucho más que nosotros, entre ellos nuestra enóloga, María de Uña, que entiende el vino como una combinación de conocimiento, sensibilidad y respeto por la materia prima.

Nuestra primera vendimia, en 2025, nos reservó una sorpresa.

Habíamos pensado recuperar la idea original de elaborar un vino que reuniera las distintas variedades del viñedo. Sin embargo, la personalidad y la calidad de cada uva nos convencieron de que merecían expresarse por separado.

Así nacieron nuestros primeros vinos: un Syrah acogido a la Indicación Geográfica Protegida Vino de la Tierra de Castilla y León y una Tinta de Toro de la Denominación de Origen Toro.

Dos vinos distintos, nacidos de una misma tierra y de una misma manera de entender las cosas.

¿Y por qué Salto del Fraile?

Porque nos gusta pensar que la tradición no está reñida con la osadía.

Nuestra imagen reúne los elementos que nos vinculan a Villaester —su ermita, su palomar, su paisaje— con un fraile que se atreve a dar un salto improbable.

Ese fraile somos un poco nosotros.

Tenemos raíces, respetamos la experiencia y sabemos que hacer buen vino exige paciencia y conocimiento. Pero también creemos que merece la pena arriesgar, experimentar y, de vez en cuando, hacer algo que nadie espera.

Y si podemos hacerlo entre amigos, mucho mejor.

La aventura continúa

No hemos empezado este proyecto para hacer siempre lo mismo.

La Touriga Nacional, una de las variedades originales de Villaester, nos ha llevado a explorar nuevas posibilidades de elaboración en colaboración con Bodegas Castiblanque, en Castilla-La Mancha, en un proyecto independiente de Salto del Fraile.

También nos hemos acercado al albillo real, una variedad blanca de enorme interés, a través de un viñedo centenario y prefiloxérico de El Pego, en Zamora, que Fabián Gato y Luisa García están recuperando con dedicación y paciencia.

Son caminos distintos, pero responden a una misma inquietud: descubrir lo que cada viña puede ofrecernos, aprender de quienes conocen el oficio y elaborar vinos que merezca la pena compartir.

No sabemos exactamente adónde nos llevará esta aventura.

Pero sabemos de dónde venimos, con quién queremos recorrerla y que todavía nos quedan muchos saltos por dar.